jueves, 26 de mayo de 2011

Brasil

Cruzar la frontera fue un desastre, 1° llegamos a la aduana brasilera con la intención de comunicarnos con personal de la aduana y hacer todos los trámites sin problema alguno a excepción de las diferencias del lenguaje, que prácticamente no entendimos nada, pero lo logramos. El segundo inconveniente fue que al terminar los tramites, nos dimos cuenta que no habíamos timbrado nuestro pasaporte con la salida, por lo que tuvimos que volver 1 km a la aduana uruguaya y hacer el correspondiente tramite. Esto significó que al retornar a la frontera brasilera tuvimos que hacer nuevamente la fila de autos que esperan ingresar a dicho país….. pero bueno, a armarse de paciencia y esperar un poco, al final de cuentas no tenemos tiempo jijijijij.


Chuy o Chuí


Este lugar es el paraíso de las compras e inversiones, los Free Shop invaden las calles con sus ofertas y productos sin impuestos.  No nos resistimos mucho y decidimos renovar nuestra cocina viejita por una que nos quitó el sueño bien blanquita, con dos quemadores, un horno y sin fugas de gas ES-PEC-TA-CU-LA!!! . Esa misma noche la probamos con unas buenas pizzas, en una NUEVA despedida que hicimos para los viajeros que se bajan de la kombi, con la promesa de reencontrarnos en algún lugar de Brasil… Esa noche todos juntos dijimos adiós y gracias Uruguay.

El destino a la vuelta de la esquina


Saliendo de 33 con destino a Chuy, en el último paradero de la ciudad estaban Kat y Ger más TODO su equipaje ja-ja-ja-ja-ja¡¡¡,  no imaginábamos encontrarnos tan pronto, si solo nos habíamos despedido hace un par de horas. Ellos también iban hacia el mismo lugar, así hicimos espacio nuevamente y se volvieron a subir, para disfrutar juntos los últimos kilómetros de la ruta que va rumbo a Brasil.

Una especial despedida


Después de una semana de fiesta en el Olimar, surgió un gran cambio, tanto para la vida como para el viaje. Una integrante que salió con nosotros desde Santiago decide cambiar su forma de movilizarse y bajarse de la kombi, ahora solo viajara haciendo dedo  y viviendo de su pasión, la música de su guitarra y el canto. Cuesta aceptar este tipo de cambios y adaptarse a nuevas formas que adquieren las cosas, pero estamos muy orgullosos de su coraje y la valentía de viajar “sola”, siempre dispuesta al encuentro de los nuevos amigos que entrega la ruta.  Le deseamos lo mejor del mundo y no estamos tristes porque sabemos que realiza un sueño y que el destino nos volverá a juntar.
Nuestro amigo uruguayo que había decidido subirse a la kombi en la Pedrera, y formar parte de América sin tiempo, alcanzo solo a estar una semanita arriba de la Sra. Malva, ya que se motivó con las nuevas ideas y proyectos de Kat y decidió seguir junto a ella, probando suerte y dejando todo en manos de un nuevo destino sin mapa, sin auto y sin tiempo, ¡¡¡SUERTE GER EN TU PROPIO VIAJE!!! 


De artesanos a empresarios gastronomicos


Las ventas de artesanías no nos dan ni para ir a dar una vuelta a la esquina, había demasiada competencia  y pocos compradores, por lo que tuvimos que echar mano a la creatividad y otras habilidades que teníamos ocultas, la cocina…..
… un kilo de harina +un kilo de manjar (dulce de leche)+ un litro de agua = 200 panqueques a 10 pesos uruguayos, los panqueques más solicitados de todo 33.
PD: Hacer panqueques no es difícil, pero no es lo mismo estar en casa que estar en una kombi, con temporal de viento y lluvia, 6 personas dentro y una cocina  viejita que fuga gas por todos lados….tienen otro sabor J.

33


Ya nos quedan pocos días en Uruguay y gracias a los rumores y datos de los amigos de “la Santa” nos enteramos que se celebraría  una gran fiesta  típica al interior del país, en una ciudad llamada 33, según todos ahí está el trabajo y espacio para ofrecer nuestra artesanía. Con esa información y buscando los mejores caminos por aquí y por allá, logramos llegar a la Fiesta del Olimar (el río más grande de la localidad), con la única misión de vender, vender  y vender, para llenar el chanchito antes de cruzar a Brasil.
Llegamos un día antes de que comenzaran todas las actividades, para nuestra sorpresa, nos recibió la prensa de un canal de Melo (un pueblo cercano). Primero les llamó la atención la kombi y la patente chilena y una vez que conversamos, se interesaron por nuestra forma de viajar y vivir, las metas que tenemos y la música de kaatje, que los cautivó  con su guitarra y canciones. 



Después de ese debut en la televisión, nos acercamos a la oficina de la organización de la fiesta con la intención de solicitar un puesto apara ofrecer nuestras artesanías. El chiste fue el precio de esos famosos puestos y que había que solicitarlos con por lo menos un mes de anticipación. No nos quedó  más que dar la vuelta y buscar un lugar fuera del recinto que fuese un buen punto de ventas. Así llegamos a la “esquina” donde conocimos a Mario, el hombre de los panchos y sus secuaces, que como él decía le ayudaban a ¡¡¡¡HACER PLATALES GURICES!!!!!
A este lugar también llegaron los amigos de “la Santa” Marcelo, Juan y Luchito, cada uno con su arte y habilidad, hasta el compatriota chileno llegó hasta allá, imagínense nuevamente el reencuentro de la comunidad, que rápidamente atrás de los puestos de panchos y alfajores armamos campamento entre carpas y kombis.
Con tanto arte rondando en ese lugar, hasta la Sra. Malvo salió beneficiada con un hermoso tatoo que realizo nuestro buen amigo Marcelo, quiero solo con sus dedos plasmo un recuerdo del paso de América sin tiempo por  Uruguay.


Cabo Polonio

Para entrar al Cabo existen dos alternativas una gratuita y otra pagada, la primera es caminar 5 km por las dunas y 2 por la orilla de la playa y la otra es comprar un pasaje de 150 pesos uruguayos, en camión tipo safari que hace un rally extremo hasta llegar a la plaza central del pueblo.  Por temas de salud y no por derroche de dinero dos de nosotros fuimos en camión y uno caminando. La recepción que ofrece el lugar es impresionante, al ver esas casas pequeñas y multicolores, sin cables de luz artificial, dos playas muy distintas, tanto el color del agua, el arena y el oleaje, etc. En general un paisaje donde solo se respira tranquilidad. El único inconveniente (por la naturaleza) es que no se puede acampar y las únicas alternativas posibles son esconderse  por ahí a dormir en la playa, pero a esta altura del año el clima no nos acompaña, o pagar un hostel que borda los 15 dólares por persona. Como ni una ni la otra eran posibles, tuvimos que volver en el último camión a la entrada del Parque Nacional, donde nos esperaba la kombi, para un merecido descanso.

miércoles, 25 de mayo de 2011

En ruta

Después de varios días parados, decidimos simplemente salir y avanzar, atentos al mapa y las sugerencias de los amigos conocidos, pasamos por Piriápolis y de ahí directo a Maldonado, una localidad ubicada al lado de Punta del Este, el lugar más turístico de Uruguay. En ese lugar  visitamos  a un gran amigo, que nos invitó a pasar unos días en su casa, compartir con su familia y tomar unos buenos mates en la playa. Otro personaje más que nos llenó de música y amistad.
De Punta del Este a Rocha, luego a la Paloma, de ahí a La Pedrera y de ese lugar a otro que llamado el bosque de Santa Isabel (dentro de la Pedrera). Allá llegamos de sorpresa a visitar a un a Germán, un amigo uruguayo que nos recibió feliz en su ranchito, donde estuvimos unos 5 días trabajando en lo nuestro y compartiendo con los amigos de de la “santa”.
De vuelta por la Pedrera la idea era pasar por agua y un par de  provisiones, para seguir hacia el Cabo Polonio, pero como ya es nuestra costumbre, nos estacionamos por 5 días más a orillas de la playa, con ducha con agua potable, protección contra el sol,  internet en el bar de unos amigo y especialmente un amigo  incondicional de 4 patas llamado “OLI” que decidió pasar unos días con nosotros, ya sea durmiendo bajo la kombi o corriendo atrás cada vez que nos movilizábamos.
Por esos días en la playa, descubrimos el cargador del celular de Germán dentro de nuestra kombi, la idea era volver a “la santa” y entregárselo, pero el destino nos tenía preparada una sorpresa.  Lo encontramos a él paseando por el lugar y nos contó la buena nueva, había decidido dejar su racho y sumarse a América sin tiempo. Así luego de conversar, organizarnos y establecer las consignas de ser un copiloto más de la Sra. Malva, salimos rumbo al Cabo Polonio.